Cáritas redobla su apuesta por la dignificación de las personas vulnerables a través del uso de tarjetas monedero y códigos QR en las ayudas a la alimentación

Este domingo 16 de octubre celebramos el Día mundial de la Alimentación y un año más, la cita no está exenta de desafíos. A los números del hambre se suman los 3.100 millones de personas que no pueden permitirse una dieta saludable a causa del aumento del coste de los alimentos. La nueva coyuntura inflacionista está afectando a muchas familias vulnerables que no habían logrado superar aún los efectos de la crisis económica provocada por la pandemia.

En nuestro país, el 23% de la población ha tenido que reducir gastos en alimentación por problemas económicos. Ese porcentaje escala hasta el 59% cuando se trata de hogares en situación de exclusión social, según el último informe FOESSA presentado a inicios de este año con datos a partir de una encuesta realizada en 2021.

“La subida de la cesta de la compra supone un problema para miles de personas, que, con economías precarizadas, viven la angustia de no poder llevar una buena alimentación a sus hogares. Se trata de otra cara de la pobreza que somete a las personas a unas condiciones de maltrato personal y colectivo que deterioran, no solo la salud física y cognitiva, sino también la psico-emocional”, señala María Martínez del programa por el derecho a una alimentación saludable, sostenible e inclusiva de Cáritas Española.

Más de 1,2 millones de personas atendidas

El año pasado, las 70 Cáritas diocesanas atendieron las necesidades básicas de 1.287.382 personas en situación de vulnerabilidad. Esta cifra es un 20 por ciento superior a la registrada antes del inicio de la pandemia.

Las personas que están acudiendo a Cáritas tienen trabajos precarios o están en desempleo. Tampoco cuentan con redes de apoyo y muchas veces arrastran también una concatenación de problemas, como falta de formación, viviendas precarias, ingresos mínimos o prestaciones que no llegan o casi siempre son insuficientes. “La comprensión de estos problemas estructurales nos exige una atención necesariamente integral, planificada y coordinada entre los diferentes sectores implicados públicos y privados”, recuerda María Martínez.

Esa atención integral ha llevado a Cáritas a trabajar desde tres pilares básicos: la dignidad, la autonomía y la libertad de las personas más vulnerables. Por ello, en los últimos años la Confederación ha redoblado sus esfuerzos para que las personas en situación de vulnerabilidad puedan comprar los productos de alimentación que necesitan de acuerdo a sus propias peculiaridades culturales, sociales, sanitarias y en aquellos establecimientos de su barrio o pueblo que deseen.

“Todo ello se lleva a cabo mediante herramientas que no generan ningún tipo de estigma o discriminación, a través de tarjetas monedero solidarias y tarjetas propias de determinados establecimientos. Otra novedad que estamos incorporando es la utilización de códigos QR para evitar la proliferación de residuos de plástico”, explica María Martínez. “Este cambio de modelo nos permite además disponer de tiempos y espacios para generar comunidades donde podamos encontrarnos, conocernos, relacionarnos y vincularnos desde la vecindad, la amistad. Se trata de experiencias que siembran esperanza”, añade.

Crisis alimentaria en Sahel y Cuerno de África

El informe de la FAO 2022 sobre el Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo no deja lugar a dudas: el mundo está retrocediendo en sus esfuerzos por contener o reducir el hambre y está muy lejos de poder conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 en materia de acceso a una alimentación sana y adecuada.

El acceso a la alimentación es un derecho especialmente vulnerado en África. Cerca de 278 millones de personas pasan hambre en este continente olvidado. Ante esta realidad, Cáritas Española ha puesto en marcha una campaña de captación de fondos para atajar la grave crisis alimentaria que se está produciendo en las regiones del Sahel y el Cuerno de África.

En el Cuerno de África -región que incluye Etiopía, Somalia, Eritrea, Djibouti, Sur Sudán, Kenia y Sudán-, la sequía más severa y persistente de los últimos 70 años está afectando directamente a 36,1 millones de personas, incluyendo 24,1 millones en Etiopía, 4,2 en Kenia, y 7,8 en Somalia, donde se estima que durante este mes de octubre se alcanzará la situación de hambruna.

Hasta un total de seis cosechas consecutivas fallidas por la falta de lluvia, el agotamiento de las reservas de agua, la muerte de casi cuatro millones de cabezas de ganado por falta de pasto y agua, y la subida de un 73% de los precios de los cereales provocada por la guerra en Ucrania, componen un escenario imposible de sobrellevar para las familias, cuyos recursos están agotados.

Según la Oficina de Acción Humanitaria de Naciones Unidas (OCHA), en este 2022 se llegará a la cifra récord de 18 millones de personas en riesgo severo de hambruna, principalmente en Burkina Faso, Mali, Níger y Chad. Por otro lado, más de 6 millones de niños y niñas de estos países habrán sufrido desnutrición severa según UNICEF, lo que convierte a la región del Sahel como una de las zonas del planeta que va a ver más empeorada la vida de su población.

La principal razón de este aumento del hambre es el incremento de la población desplazada que huye de los conflictos interétnicos que sacuden estos cuatro países. Actualmente se calcula que cerca de tres millones de personas han tenido que abandonar sus hogares. Por otro lado, estos cuatros países -Burkina Faso, Mali, Níger y Chad- son los más vulnerables ante el cambio climático con sequías e inundaciones recurrentes que destruyen y anegan las cosechas aumentando de ese modo la inseguridad alimentaria de miles de hogares.

Además de las razones políticas internas y a la medioambientales, la crisis del Covid-19 ha supuesto que numerosos hogares hayan visto reducidos sus ingresos, principalmente los encabezados por mujeres, aumentado más si cabe la brecha con respecto a los hombres. Tras empezar a ver mejorada la situación, la guerra de Ucrania ha supuesto una reducción de cereales en el mercado internacional y, por tanto, un aumento de su precio, lo que ha tenido consecuencias desastrosas para numerosas familias.

 

Programas de seguridad alimentaria

Cáritas Española a través de sus socios locales está ejecutando diferentes intervenciones tanto con fondos propios como públicos con el fin de contribuir a la seguridad alimentaria de las poblaciones sobre todo en las regiones del norte y centro de Burkina Faso y en las regiones de Segú, Mopti, Gao, Bandiagara y Menaka en Mali. Se estima que más de 200.000 personas se habrán beneficiado de estas acciones, principalmente mujeres y niños y niñas, a lo largo de este año.

De igual manera, Cáritas Española apoya a varias Cáritas de los países del Cuerno de África en su esfuerzo de acompañamiento a las poblaciones más vulnerables, tanto con actuaciones puramente de ayuda humanitaria en aquellas regiones más castigadas por los conflictos armados, la sequía y la inundación, como con creación y refuerzo de cooperativas agrícolas para seguir construyendo familias y comunidades cada vez más resilientes frente a los retos que supone el cambio climático y los efectos de las crisis económicas mundiales.

En este momento, los esfuerzos humanitarios se centran en los territorios más afectados de Sudán del Sur, Etiopía, Somalia y Kenia, donde Cáritas Española interviene a través de las Cáritas locales garantizando una ayuda de calidad enfocada además a reforzar capacidades y ofrecer oportunidades de recuperación en el corto y medio plazo.

Cáritas urge en esta jornada a los poderes públicos y a la comunidad internacional a garantizar la promoción de políticas proactivas que aumenten la disponibilidad y la asequibilidad de alimentos en el mundo. “Invitamos a sumar recursos y voluntad política para alcanzar en 2030 la meta del ‘Hambre cero’ (ODS 2) como una cuestión de justicia social, y a adoptar medidas eficaces que favorezcan una transformación sostenible de los sistemas alimentarios para garantizar el pleno ejercicio del derecho a la alimentación”, asegura Eva Cruz, directora de Cooperación Internacional de Cáritas Española.